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martes, 24 de marzo de 2015

La vacuna contra la “bettyanidad”

Apreciado lector,

Usted, como yo, seguramente lo dijo: “¡otra vez esta energúmena!”. Fiel a su estilo, Beatriz Rojkés de Alperovich no se privó de acusar a una víctima del inmundo delito de ser víctima. “¡Cómo osan estos obscuros cuestionar a quienes los salvan de la miseria a la que ellos mismos se condenaron!”, pensó la Senadora. Y, acto seguido, arremetió contra uno de esos hijos de la tierra a los que el agua les arrasó la vida.

Que no se interprete de modo errado: las personas pueden manifestar su desprecio ante ese pueblo que, con tal de tener el estómago caliente, son capaces de vender hasta a sus propios hijos, pues ello es siempre más fácil que trabajar de sol a sombra. Ciertamente pensar de ese modo resulta impopular por estos días, pero, le pese a quien le pese, es un modo legítimo de opinión. Sin embargo lo que resulta despreciable es la hipocresía: afirmar que se trabaja para el bienestar de esos personajes cuando se los maltrata verbalmente de un modo tan explícito como hizo la mujer del Zar es vomitivo. ¿Se imaginan que repugnante sería ver a una Hermana de la Misericordia que insulta a un leproso por gemir adolorido mientras ella le limpia sus llagas? ¿O cuan chocante sería enterarse de que hay un pastor que sólo se acerca a su rebaño para azotar a las ovejas? ¿O que una persona elige como oficio el servir a los demás y cuando le toca actuar se comporta como si les estuviese haciendo un favor que nadie más puede hacer?

Beatriz Rojkés de Alperovich no tiene vocación de servicio y mucho menos espíritu de caridad. Su destino era su cocina, su jardín, su sala de estar, el interior de su mansión y, claro, la sinagoga. Pero la democracia la puso donde está. Y, pese a que son cientos de miles ya los que le demandan que renuncie a su cargo, ella se resiste a hacerlo. Entonces asegura que cada vez que abre la boca y expulsa hacia el mundo el putrefacto producto de un cerebro maltratado por los berberajes, las píldoras y la ansiedad hay una conspiración detrás para arruinar su imagen.

En alguna ocasión la mujercita dijo usando un tono de lamento que no había vacuna contra la Iglesia Católica. Con el mismo tono digo yo que no hay vacuna contra la bettyanidad. Si en efecto la hubiera qué fácil sería aplicarles a todos esos votantes una dosis de la poción por vía inyectable, para que sus niveles de dignidad y autorespeto se incrementen al punto tal de que les nazca negarles el apoyo a estos corruptos de pacotilla que tanto asco les tienen. Pero mientras existan unos, existirán los otros, y mientras haya democracia, los esclavos se entregarán felices a sus viles amos, del mismo modo en que las chozas y los ranchos se entregan con pasividad a la furia de la naturaleza.


César Thames 

miércoles, 11 de marzo de 2015

Historia del Faraón y del pueblo que eligió

Estimado lector,

Hace unos meses partí hacia el hemisferio norte, deseoso de encontrar descanso. Lo que me agotó es este país, víctima de tantos corruptos y traidores que se resisten a abandonar los puestos de mando en los que están atrincherados. Atravesé el otoño boreal, y luego el frío invierno (aunque hospedado algunos días en el área del trópico de Cáncer para olvidarme de la hostilidad de la nieve). Al regresar a la patria, encuentro que el tiranuelo hebreo que gobierna Tucumán ha sumido a la hermosa provincia en el peor de los caos.

La lluvia ha sacado a la luz el hecho de que la democracia pavimentadora de Alperovich es una farsa. Porque en Tucumán fallaba la educación, la salud, la seguridad, pero la obra pública siempre avanzaba. El Zar subtropical se creía un Pontífice en el sentido literal del término –y probablemente también en el figurado. Un eunuco de apellido López, aparentemente Secretario de Obras Públicas de la Nación, anda paséandose por la provincia para juntar adhesiones, contándoles a todos los que quieren oírlo que él era coartífice del milagro constructor del Domador de Camellos. 

Sin embargo ahora, con los caminos destruidos y el agua inundando los prados hasta tapar los pueblos, toda esa farsa se desmorona. Pero Alperovich continúa haciendo lo que mejor sabe hacer: negar la realidad. De ese modo terminó diciendo que Tucumán había vencido a la inclemencia climática, porque aquí el escenario no es como el de Córdoba o Santa Fe.

Y como si eso fuese poco se supo que una niña del Clan celebrará su bat mitzvah en la mansión Alperovich, donde ya se colocó una carpa para que la fiesta no se les agüe. Perfecta metáfora: el Faraón y su familia debidamente protegidos de la séptima plaga, mientras que nosotros, el pueblo cautivo, sufrimos de la ira de Dios por haber permitido que semejante impío llegue al gobierno.

El consuelo que nos queda es que las elecciones, ese calmante indigno de la democracia, llegarán en unos meses, quizás un poco antes de que empiecen a morir los primogénitos. El problema es que todavía hay muchos niños que esperan su bar mitzvah, y que sueñan con heredar el reino que sus padres han usurpado.


César Thames 

viernes, 17 de octubre de 2014

Miedo para todos y todas

Amigo lector,

Hemos visto cómo en las últimas semanas la gavilla que gobierna ha comenzado una campaña de amedrentación: “después de nosotros, el diluvio” dicen convencidos. Claro que nadie pensante toma en serio a estos papanatas, pero, lamentablemente, la gente pensante de este país es una minoría que día a día se reduce.

La Argentina de hoy está poblada por una gigantesca masa de esclavos, que están dispuestos a sacrificar el futuro de sus hijos y de sus nietos para no perder las dádivas que el Estado les hace. Son gente que le temen al futuro y por ello se aferran a lo poco que les llena el bolsillo en el presente. La dignidad nacional se ha ido por el retrete de la historia.

José Alperovich, un mamonista, amenazó descaradamente a los humildes de Tucumán al anunciar que si el PJ era desplazado del poder en 2015, la provincia sufriría de escasez de medicamentos y la ayuda social se vería erradicada. Consiguientemente gente de la oposición lo acusó de extorsión, pues se supone que los políticos no están para sembrar el terror sino para lograr la paz social.

Después de que los tucumanos hemos sobrevivido a los saqueos salvajes de diciembre de 2013, este tiranuelo hebreo nos dice que el mundo será peor sin él. ¡Increíble!

Alguien debería avisarle a Alperovich que la amenaza más pavorosa es la que promete que, en 2015, Argentina seguirá igual que ahora, naufragando en el fracaso mientras nos despojan de lo último que nos queda.


César Thames

sábado, 2 de agosto de 2014

La guerra de la basura

Amigo lector,

Por estos días Tucumán parece estar condenada a seguir bajo el despotismo del Clan Alperovich. Los opositores buscan construir una alternativa, pero hasta ahora no ha emergido nada convincente sobre el panorama. El odontólogo José Cano y el contador Domingo Amaya buscan desplazar al tiranuelo hebreo, pero las adhesiones que han logrado hasta ahora aparentan ser insuficientes. Por ello los problemas que debe enfrentar José Alperovich provienen no de los opositores sino de su propio entorno: su preocupación más urgente es encontrar al sucesor más óptimo.

La lista de lacayos leales al famoso Domador de Camellos que quieren su puesto es interminable. Algunos ya lanzaron su campaña, otros han sido un poco más prudentes. Sin embargo quien busca también obtener la gobernación es nada más y nada menos que la infame Beatriz Rojkés de Alperovich. Esta mujercilla que ha dado muestras de tener un escaso intelecto es día a día alentada por sus cicisbeos para que de el golpe que derroque a su marido, aquel ciclista que un día se lesionó sospechosamente la ingle y estuvo internado por ello.  

Pues bien, sea quien sea el sucesor, Alperovich debe garantizarse el triunfo. De no lograrlo sufriría el hostigamiento de la Justicia. A raíz de ello el Gobernador se encuentra robusteciendo las redes clientelares que existen en la provincia, pues sólo alimentando a los simios se gana sus votos. Es así que se le ocurrió algo brillante: crear la Secretaría de Saneamiento y Mejoramiento de Espacios Públicos y poner a un puntero de apellido Assán al frente de ella. Este organismo tiene por misión oficial el propósito de combatir a la basura que, tristemente, habita en las calles tucumanas. Y como los residuos están por todas partes, la Secretaría de Assán también lo está. Esto que parece ser un acto de nobleza inusitada que le restituye algo de dignidad al Jardín de la República, no es más que una treta: Alperovich ha creado una Intendencia paralela para entrometerse en los municipios más poblados y extender una influencia que ha ido perdiendo a manos de punteros menores. 

Es que el escándalo de las cooperativas truchas lo obliga a tomar la medida. Se suponía que esas células planeras dotarían de una infinidad de votos al actual gobierno, pero como cada politicastro las usó para hacer dinero a partir de ellas ese plan se fue por el desagüe. Entonces, con la excusa de erradicar a los basurales, es momento de reconcentrar al clientelismo en un único y grotesco organismo. 

La reorganización de las prácticas clientelistas sirvió de excusa para desatar conflictos entre los mandos intermedios del propio alperovichismo. Armando Cortalezzi, el Rufián Usurero, alineado con Betty la Beoda embistió contra los Gassenbauer develando, según dicen, las irregularidades del joven Guillermo en torno a la cooperativa que apadrinaba para que salgan a barrer calles. Pero estos personajes no quedaron felices y prometen contrarrestar el ataque con otro ataque: darían a conocer la lista de grupos cooperativistas apañados por Cortalezzi que en lugar de estar recogiendo basura se la pasan durmiendo en sus ranchos. Como se ve, la basura en Tucumán está en todas partes. 


César Thames   

jueves, 31 de julio de 2014

¿Quo vadis Universitas?

Estimado lector,

No sé usted, pero yo siento cierta congoja por la situación actual de la Universidad Nacional de Tucumán. Resulta penoso ver lo que los docentes y estudiantes le hacen a diario a la Casa de Altos Estudios: unos –con la idea de que por parlotear en un aula merecen ganar unos abultados salarios que les permitan igualar a las fortunas de los magnates texanos– se resisten a trabajar, los otros –con la creencia de que merecen toda clase de desproporcionados beneficios por sentarse a leer fotocopias– se resisten a estudiar; ambos denigran al noble concepto de Universidad.

Cuando el ilustre Juan B. Terán fundó a la Universidad en 1914 no esperaba que terminara así. Si bien la universidad tucumana tuvo que lidiar con la nefasta Reforma Universitaria a sólo unos pocos años de haber sido oficialmente creada, se las arregló para prosperar en las décadas siguientes. Luego, lo inevitable: la UNT terminó cayendo en el pozo ciego en el que se encuentra la educación argentina. Desde entonces la Universidad no hace más que dilapidar el prestigio que alguna vez supo tener. La mediocridad intelectual es la regla elemental, la corrupción política es la meta común.

El Centenario de la noble institución quedó notablemente manchado. Es tan triste el presente de la UNT que, de hecho, a lo largo del año no hubo ningún tipo de iniciativa para celebrar aunque sea aparentando grandeza. Todo lo que se hizo por recordar a Terán y compañía fue de una tristeza propia de actos escolares en barrios marginales.  

El mejor regalo que se podría hacer la UNT hoy en día es suspenderse, vaciarse, someterse a un proceso de evaluación y plantearse la urgente reconstrucción de su identidad. Debería impulsar una Segunda Reforma Universitaria, que tenga como propósito revertir los calamitosos “progresos” de la Primera. De ese modo el viaje a la decadencia podría ser reemplazado, por fin, con el ascenso a los cielos.


César Thames

martes, 22 de julio de 2014

Guillermo el goloso

Estimado lector,

Hace exactamente un año escribí una reflexión sobre “los nenes” y “las nenas” que cogobiernan Tucumán junto a sus padres, tíos y abuelos. Textualmente apunté: “entre los mismos se encuentran Guillermo Gassenbauer, Marcelo Ditinis, Gabriel Alperovich y Oscar Bercovich, todos muchachotes que viven en un Bar Mitzvah permanente.” Hoy en día al menos dos de esos cuatros jóvenes maravillosos se encuentran seriamente sospechados de haber cometido horrendos crímenes, como no podía ser de otro modo.

Gabriel Alperovich, el “ángel” que Betty crió con todo su amor de idishe mame, está en la lista de espera para que le hagan pruebas de ADN por su participación en el Caso Paulina Lebbos. Lo triste es que el encargado de realizar el estudio es Daniel Corach, un famoso genetista que fue duramente criticado por su impericia (¿intencional?) en el Caso de las Turistas Francesas asesinadas en Salta: cuando un laboratorio francés analizó las muestras de ADN en Europa, concluyó que casi todas las certezas del equipo de Corach eran dudosas y que hasta incluso habían datos importantes que habían sido pasados por alto en Buenos Aires. Todo una gran casualidad.

El otro sospechado es Guillermo Gassenbauer, Legislador Provincial e hijo de Jorge Gassenbauer, el actual Ministro de Seguridad Ciudadana de la provincia. Al joven Gassenbauer una puntera lo acusa de haber desviado subsidios estatales de una cooperativa que iban destinados a la realización de obras de embellecimiento urbano. La cosa es más o menos así: el gobierno nacional lanzó hace unos años el Plan Argentina Trabaja, el cual tiene por propósito reunir a ese ganado humano que cobra planes sociales y organizarlos en cooperativas para que trabajen en su comunidad y justifiquen, de ese modo, la recepción de los subsidios por existir (y por votar en cada elección por el oficialismo); la puntera denunciante era una mujer de confianza de Guillermo Gassenbauer, a la que el Legislador Provincial le ordenó armar y encabezar la “Cooperativa Narciso Laprida”; durante unos tres años, la cooperativa cobró mes a mes dinero del Estado, pero no hizo ninguna obra con ese dinero; al parecer una fracción de los subsidios se distribuían entre los planeros y el resto iba al bolsillo de Gassenbauer; finalmente el gobierno kirchnerista amenazó con hacer una auditoría sobre las cooperativas, y la puntera entró en pánico –pues supuso que sobre ella recaería la culpa por el fraude– así que denunció al Legislador Provincial para salvar su pellejo. Lo maravilloso de este asunto es que la puntera afirmó haber recibido una admonición mariana en 2012, cuando a una estatuilla de la Virgen que tenía en su casa se le dio por llorar sangre. 

Lo de Guillermo Gassenbauer es de una bajeza espeluznante. De gente de esa calaña uno espera que los encarcelen por usureros, pero no por robarles a sus clientes famélicos y carenciados. Tucumán se encuentra tan flagelada por tantas décadas de corrupción, ¡que hasta los ladrones de guante blanco han perdido el estilo! La nueva generación no le deja ni los caramelos a los niños, son unos golosos de la sustracción. Hasta han hecho llorar a la Madre de Dios. 



César Thames

lunes, 14 de julio de 2014

No te dejo de alentar

Estimado lector,

En un país en donde la Fanfarria de los guardias pretorianos de la Patria se presta a las provocaciones futboleras en el mismísimo día en que la República festeja un nuevo aniversario sólo la decadencia es posible. En estas últimas semanas asistimos, una vez más, a la propagación de ese nacionalismo futbolero que saca lo peor de la gente. En rigor, no es que el nacionalismo futbolero saque lo peor de la gente, es que la peor gente sale a la luz a medida que se instala el nacionalismo futbolero.

Que se entienda: yo no estoy en contra del deporte. Al contrario, he sido siempre tanto un practicante como un promotor del deporte. Pero hay deportes y deportes. En algunos de ellos, los atletas se imponen, en otros, en cambio, los atletas son precisamente los que menos consiguen. El fútbol, como es obvio, es un deporte de éste último tipo. ¿O de qué otro modo se explica el éxito que alguna vez supo cosechar ese muchacho semianalfabeto y drogadicto de Diego Maradona? 

La última Copa del Mundo de Fútbol Asociado exacerbó el nacionalismo futbolero, el cual, como era lógico, derrapó ocasionando una violencia innecesaria en Buenos Aires y otras ciudades argentinas. Si se vende la ilusión de que Argentina es el mejor país del mundo y nos damos de bruces contra la realidad, ¿acaso no es una razón válida para indignarse?

Ciertamente podría alguien sostener que resulta antiargentino empañar la celebración de la mediocridad de un subcampeonato destruyendo un pedazo de la República. Pero creo yo que es más antiargentino renunciar a la gloria total, la que nos merecemos desde 1816 por lo menos. Esos originarios –esos “incluidos” del sistema por “mamá” Cristina–, al destrozar las calles enajenados por la droga y la decepción, están reaccionando visceralmente como argentinos. Aunque muerdan a la mano que les da de comer, se ve que a sus almas las tocó el espíritu de la argentinidad. Por ello destruyen. Con sus cabellos quiscudos y sus pieles bronceadas en ausencia del sol, con su salvajía y su barbarie, repudian a la mentira de los relatos. Instintivamente (porque no pueden hacerlo de otro modo) comprenden que, por más que Argentina esté para grandes cosas, son los pequeños hombres del Plata quienes impiden que el triunfo nacional se materialice.

Por ello me enorgullece lo que las niñas del seleccionado nacional de hockey sobre césped hicieron recientemente. Obligadas a prostituir sus éxitos para alimentar unas fabulaciones intolerables, renunciaron a vestir los colores del país. Esa es la mejor manera de defender a la Patria: no colaborar con el Ejército de Ocupación.

El enojo de estas muchachas en flor se empezó a cultivar el año pasado, cuando el cleptócrata Aníbal Fernández (el autoimpuesto mandamás del hockey federado argentino) negoció con el nefasto José Alperovich la organización de un torneo internacional de su deporte en Tucumán. Todo en aquel evento fue un desastre.

En primer lugar falló el calendario: elegir una zona subtropical del hemisferio sur para competir en el mes de noviembre es, simplemente, bananero. Las altas temperaturas afectaron a las jugadoras, tanto a las argentinas como a las extranjeras, quienes hasta temieron de morir insoladas. Después primó el encierro: si bien los saqueos llegarían unos días después de concluido el torneo, a ninguno de los visitantes les pareció demasiado agradable la imagen que presenta San Miguel de Tucumán por fuera de las Cuatro Avenidas. Así, con la excusa de evitar el calor, la mayor parte de las jugadoras de hockey se limitaron a permanecer en los hoteles, haciendo esporádicas excursiones al exterior más con espíritu aventurero que con auténtico interés turístico.

Finalmente el otro gran fracaso de aquella oportunidad fue la infraestructura. Pese a que el Moloch había destinado una suma descomunal para construir un estadio de escaso lujo, el torneo comenzó con la obra aún sin haber sido concluida. Unos días antes, a través de los diarios, se pidió la colaboración de voluntarios para que se acercasen al lugar y aunque sea ayudasen a pintar, para que el impacto de la improvisación quedase mínimamente mitigado.

Tras la traumática experiencia tucumana, las jugadoras de hockey notaron que las estaban usando con fines nada agradables y optaron por lo más digno: presentar sus renuncias. ¿Acaso nuestro Gobernador y nuestra Presidente, más allá de sus apellidos, no pueden imitar ese ejemplo de argentinidad y renunciar ellos también? ¿Les falta dignidad o es que nunca la han tenido?


César Thames 

miércoles, 9 de julio de 2014

El buitre vernáculo

Apreciado lector,

Quiso Dios que el 9 de Julio me encontrase en Tucumán. Tenía pensado viajar al extranjero por estas fechas para arreglar algunos asuntos financieros ante el default inminente, pero pospuse mi viaje unos días por motivos que no vienen al caso. Pude yo así ver como el Ejército de Ocupación Kirchnerista oprobiaba a la Patria enviando al truhán de Amado Boudou para que encabece el acto por la Declaración de Independencia de 1816.

Unos días antes de presenciar esta afrenta contra la argentinidad, hube yo concurrido a una reunión organizada por el gobierno tucumano en la restaurada Casa Bazán, lo que ahora se conoce como “Casa Histórica”, “Casa de la Independencia” o “Casita de Tucumán”, por ser sede de un museo que figura en el reverso de las monedas de 50 centavos. Yo fui invitado en calidad de empresario, aunque quise que se me anunciase como miembro del Instituto Argentino de Ciencias Genealógicas. Podría haber apelado a cualquier otra afiliación o sacado a relucir cualquier otro título, pero creo que mi pertenencia a la mentada institución dejaba en claro que yo no soy un buscavidas sino un guardián de la tradición argentina, y que mi presencia en ese tipo de actos tiene por fin enaltecer la conmemoración. En la kermés de la calle Congreso de Tucumán, me encontré con unos pocos amigos, algunos conocidos y un interminable y patético desfile de nouveaux riches, muchos de ellos gente de negocios, pero la gran mayoría meros politicastros. No resistí mucho y me fui del lugar antes de que los oradores terminaran con sus parloteos. ¡Hasta el Rabino Sergio Bergman, el mismo cobarde que votó por convertir al pañuelo de las madres de los subversivos en emblema nacional, estaba presente! “¿Qué tendrá que ver toda esa gente con aquellos grandes hombres que se atrevieron a firmar un acta para dar nacimiento a la República?” es algo que todavía me pregunto. La gran mayoría de esos convidados no sólo no tienen sangre de próceres, ni siquiera tienen el espíritu de gloria que guiaba a nuestros hombres.

Después de ese episodio tuve que tolerar la telenovela del acto del 9 de Julio. Desde 1991, San Miguel de Tucumán es declarada Capital del país por un día, en una suerte de gesto simbólico que pretende ser una celebración del federalismo. Por ello la presencia del Presidente de la Nación en la ciudad para esa fecha se ha vuelto algo común. Este año se esperaba contar con la repugnante visita de Cristina Fernández de Kirchner, pero en su lugar recibimos algo mucho peor: al procesado Amado Boudou. Antes de que el Vicepresidente llegase rodeado de ministros (y hasta de un Diputado Nacional bonaerense que se atrevió a empapelar la ciudad con carteles lanzando su candidatura presidencial para 2015), hubo todo un sainete kirchnerista mal guionado. Aparentemente Cristina Fernández de Kirchner iba a dar un encendido discurso sobre la independencia económica y la soberanía política, con los papanatas de José Mujica, Evo Morales, Rafael Correa y Nicolás Maduro como aplaudidores de lujo. Todo ello el 9 de Julio, para que los congresales de 1816 se revuelquen en sus tumbas. Pero al Ministro de Economía Axel Kicillof lo obligaron a viajar a Nueva York por la misma fecha para acordar un plan de pago con el cual regalarles el patrimonio económico nacional a los acreedores extranjeros, por lo que todo quedó cancelado. La Presidente estiró su licencia por cuestiones médicas, y el polémico Boudou apareció como su reemplazante natural.

Al principio se creyó que la presencia del dueño de la máquina de hacer billetes no resultaba del todo conveniente, así que se anunció que el que iba a ir a encabezar los agasajos hacia la Patria era el bandido Gerardo Zamora, actual Senador Nacional pero más conocido por haber sido el tiranuelo que gobernó por ocho años consecutivos a la vecina Santiago del Estero. Sin embargo los Alperovich están enemistados con Zamora desde que éste les robase a ellos el puesto que a fuerza de obsecuencia extrema habían conseguido en la pirámide de poder kirchnerista, por lo que se dice que fueron ellos mismos quienes demandaron la presencia de su amigo y aliado Amado Boudou. Prometieron recibirlo como a un príncipe.

De esa manera el delincuente se hizo presente. Pasó velozmente por la Casa de la Independencia (aprovechando para devaluar a las páginas del libro de visitas ilustres), y luego se dirigió a un teatro sobre calle San Martín para hacer su discurso. Allí habló de colonialismo, de Juan Perón y, claro, de Cristina y Néstor Kirchner. No fue un acto cívico, sino un acto político. Mejor así, ya que este infeliz no puede decir nada sobre los ínclitos de la Patria, pero si puede hablar con infatuación sobre todos esos populistas que tanto daño le han hecho a la Argentina.

Afuera del teatro el escenario fue la triste postal de siempre: gente arreada por dinero y alimentos, periodistas agredidos, manifestantes que no fueron escuchados, y miles y miles de ciudadanos listos para profesar algo así como un jacobinismo de masas motivado por once muchachos corriendo detrás de un pelota mientras al país los devoran los buitres foráneos y vernáculos.  



César Thames

jueves, 3 de julio de 2014

Casas de terror

Apreciado lector,

No creo que disienta conmigo si afirmo que los jueces tucumanos son una auténtica vergüenza. No todos, claro, pues siempre hay alguna excepción. Pero la mayoría de los encargados de impartir justicia en Tucumán deberían juzgarse a si mismo y condenarse severamente.

El reproche más certero que se le puede hacer a nuestros jueces está relacionado a la indigna obsecuencia que practican, lo que, en numerosos casos, los ha convertido en cómplices de la gavilla que gobierna la provincia. Esto es normal cuando los familiares deben juzgarse entre si, o cuando algún miserable quiere obtener una ventaja o un favor a cambio de la oferta de su imparcialidad.

Lo otro igualmente grave es su incapacidad para ejercer como magistrados de la República. Una cosa es que los jueces se corrompan y otra es que le usurpen el lugar a alguien que lo merece. Alperovich ha sido promotor de las usurpaciones, facilitándole el acceso a toda clase de póngido entogado que de política saben mucho pero que de justicia no tienen la más mínima idea, al mismo tiempo que le negó el cargo a aquellos que, a través de los concursos, ganaron legítimamente sus puestos.

De los muchos magistrados que enturbian el arte de impartir justicia en el actual Tucumán referiré, en esta oportunidad, sólo a uno: Gabriel Casas. Casas es un hombre que proviene del periodismo y del peronismo, o sea proviene de una de las profesiones más pestíferas que existen y del movimiento político que ha condenado a nuestro país a todo tipos de ruinas. Cuando empezaron esas rondas de venganzas en contra de los veteranos de la guerra contra la subversión, a Casas le tocó dictar sentencia contra esos héroes por ser un integrante del Tribunal Oral Federal. Así, diciendo defender “los derechos humanos”, mandó a inocente tras inocente a la cárcel, a cumplir una condena impuesta por cuestiones meramente políticas.  

De todos modos mientras Casas se regocija por estar castigando a “genocidas”, los verdaderos genocidas gozan de su protección. Y quien no quiera creerme que investigue acerca de lo que este hombre ha hecho frente a los narcotraficantes que se multiplican en suelo tucumano.

En una entrevista reciente a La Gaceta, Casas comentó que a todo infeliz que la policía atrapa con droga encima él busca dejarlo en libertad. Sin ningún prurito admite que no puede distinguir el límite entre un patético consumidor y un infame vendedor, por lo que apuesta siempre a favorecer a los delincuentes. Y para rematar agrega que las dádivas que el Estado hace a las familias con dinero público (v. gr. la Asignación Universal por Hijo) ayuda a los vendedores a dejar su oficio, ya que esos pocos pesos que reciben no por hacer algo sino sólo por ser alguien les permiten sobrevivir sin vender muerte en diversas dosis. Supone Casas –benévola o cínicamente– que el delincuente que comercializa droga es una persona sin recursos que no le queda otra salida más que convertirse en un genocida a pequeña escala. Vale decir, el Juez victimiza a quien debería castigar.

Las estupideces que declaró Casas causaron enojo y preocupación. Evidentemente este improvisado ignora hasta lo que el Papa Francisco dijo sobre la cultura de las drogas y el negocio del narcotráfico. Estando yo en Europa hace unas semanas atrás, me enteré del discurso que Su Santidad hizo en la clausura de la International Drug Enforcement Conference. Con mucha coherencia y sentido común, Francisco marcó un triple abordaje al problema: estigmatizar el negocio del narcotráfico, pedir por la creación de empleo digno y oportunidades reales para los jóvenes, y reforzar el trabajo preventivo en torno al consumo. En la misma velada hizo un llamado a prohibir todo tipo de drogas, desalentando así la idea de que hay que abrirle la puerta al conjunto de drogas ilegales que –a base de propaganda pero sin sustento científico– parecen menos dañinas que otras. No podemos darnos el lujo de abrirle de par en par la puerta de descenso al infierno a millones de obscuros sólo para que a un mentecato de La Cámpora o de la Juventud del Meretz no le hagan el amor no requerido en una prisión argentina.

Este facilitador del mercado de la muerte de Casas debería tomar nota de lo que se dice desde Roma. Y debería también mirar en la vecina provincia de Salta, donde si bien la situación judicial no es mucho más brillante que en Tucumán, al menos se actúa con cierta dureza ante los narcotraficantes, y se los ataca en sus posiciones, como cuando un juez de allá mandó a demolerle la casilla a un vendedor de paco. La idea es que si se empieza a destruirle las guaridas a las cucarachas, es posible que también caiga algún zar, alguno de esos tipejos más concentrados en lograr la impunidad e impulsar la decadencia que en hacerle un bien a la comunidad.



César Thames  

lunes, 30 de junio de 2014

La conexión tucumana

Estimado lector,

¿Recuerda usted lo que le pasó a Antonio Domingo Bussi en 1999? Tras ganar una banca de diputado nacional gracias al voto del pueblo tucumano, sus colegas del Congreso de la Nación le impidieron al General ocupar su puesto. En aquella época, Bussi estaba siendo procesado por enriquecimiento ilícito y por comisión de delitos de lesa humanidad. Ninguna de las dos cosas estaba realmente probada, por lo que Bussi era inocente hasta ese momento; sin embargo, con la fe de los fanáticos, alrededor de ciento ochenta legisladores menospreciaron la voluntad popular tucumana. 

Ahora, 15 años después de aquel momento bochornoso considerados por muchos como "un acto de consolidación de la democracia", el gandul de Amado Boudou está siendo procesado por una maniobra económica ilegal vinculada a la adquisición de la empresa Calcográfica Ciccone. Esa empresa, en 2001, fue denunciada en Tucumán por haber producido los famosos "bonos mellizos"; rápidamente los dueños de Calcográfica Ciccone dijeron que era un mero error y que no era cierto que hubiese algún tipo de trama usuraria montada por el Ministro de Economía de la provincia, el Contador José Alperovich. 

Entre Alperovich y Boudou hay una peculiar asociación, que tiene como puntos en común otras cosas además de la Calcográfica Ciccone. Cuando en 2011 el Descuidista fue anunciado como integrante de la fórmula presidencial junto a Cristina Fernández de Kirchner, el tiranuelo hebreo que gobierna Tucumán textualmente dijo: "Boudou es un gran amigo de Tucumán, un gran amigo nuestro, un amigo mío. La Presidenta ha elegido a una persona de bien." A principios de junio de este año, cuando Boudou tuvo que ir a declarar ante el juez Ariel Lijo, retumbó el nombre del tucumano "José Brito" en el juzgado. Brito, principal responsable del kirchnerista Banco Macro, es un conocido de Alperovich, al que la prensa provincial lo calificó de "el Lázaro Báez tucumano". 

Pero esas triangulaciones sospechosas de Boudou y sus socios no sólo tocan al Domador de Camellos, sino que también alcanzan a la Energúmena, quien alguna vez estuviese justo detrás del procesado Vicepresente en la línea sucesoria de autoridades legítimas del país. Es sabido que varios de los cortesanos que rodean a la Senadora Nacional en Buenos Aires y que figuran como "asesores" de la Cámara Alta son gente cercana a Boudou, lo cual, claro, no es una casualidad.  

El vínculo entre estos personajes frívolos y peligrosos quedó en evidencia a finales de abril del 2013, cuando Boudou y Rojkés de Alperovich tuvieron los bríos de jugar a la monarquía en los Países Bajos, según dicen, por orden misma de la Presidente. Él fue a interpretar su papel de dandy, ella, en cambio, fantaseó con ser una princesa, como Elisabeth von Gutmann. Ambos creyeron estar siendo honrados, pero era claro para el resto que la Presidente los mandó para mancharles la coronación a los reyes de la Casa de Orange-Nassau de Amsberg. 

¿No deberían esos "amantes de la democracia" que dicen ser los congresistas hacerle a Boudou lo mismo que le hicieron a Bussi? ¿No se deberían desempolvar los archivos de Calcográfica Ciccone (si es que queda algo de esos papeles) y perseguir a los corruptos hijos de 1983 con la misma saña y desprecio con la que se persigue a quienes aniquilaron a la subversión armada? ¿No debería indagarse con mayor profundidad en la conexión tucumana del Caso Ciccone?


César Thames

viernes, 6 de junio de 2014

¡Ni para eso sirve Senadora!

Amigo lector, 

Leyendo los diarios nos enteramos que la ignorante que ocupa el puesto de Senadora Nacional por la provincia de Tucumán, la nefasta Beatriz Rojkés de Alperovich, recordó súbitamente que está en el parlamento para representar al Norte argentino y no al sionismo de Medio Oriente, por lo que presentó un proyecto que seguramente mejorará la calidad de vida de los tucumanos: pedir que el rostro de Juan Bautista Alberdi aparezca en algún billete de curso legal. 

Habiendo tanto por hacer por la provincia, esta señora prefiere no hacerlo y dejar en claro que padece de fetichismo por los billetes. Para colmo de males, la esposa de Alperovich no se atrevió a proponer la creación de un billete de $200 o de $500 que le facilitaría la vida a todo aquel que vive en Argentina, sino que sólo se limitó a sugerir que Alberdi aparezca en los billetes. 

Lo peor de todo es que esta brillante iniciativa de llevar a Alberdi al papel moneda tuvo por excusa la celebración del Bicentenario de la Declaración de Independencia del 9 de Julio de 1816. Así como lo leyó. Alberdi, en 1816, era apenas un niño, brillante, pero un niño al fin. "Betty la Bruta" sostiene que los trabajos alberdianos sobre derecho constitucional plasmaron los ideales independentistas, y por ello la efigie del abogado y economista debería ser reproducida por las imprentas que el Estado le compró hace no mucho a la Calcográfica Ciccone. Si vamos al caso también el General Jorge Rafael Videla hizo mucho por retomar los principios de la Independencia Nacional, pero ese Presidente poco y nada tiene que ver con el Congreso de Tucumán de 1816, ya que, para la época en que tuvo lugar, ni siquiera había nacido. 

Lo que la madre de la piloto Sara Alperovich debería hacer es conseguirse mejores asesores, y no los parásitos que la hacen ver más ridícula de lo que actualmente es. De ese modo, si la intención es inventar un billete, entonces podría proponerse una pieza que esté ilustrada con la imagen de la Casa de la Independencia de un lado, y la de alguno de los hombres que participaron de la Declaración de Independencia del otro (Francisco Narciso Laprida, José Eusebio Colombres, José Ignacio Thames y tantos otros), o bien, en un gesto de grandeza, podría ponerse un mapa argentino, pero de aquella Argentina de 1816 que incluía partes de lo que hoy es Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay -y que quizás pronto sea también Israel.



César Thames

jueves, 13 de marzo de 2014

La democracia alquilada

Estimado lector, 

Tucumán está cada día más tiranizado. De eso no caben dudas. El último episodio de la politiquería vernácula lo deja en evidencia: me refiero, claro, a la rebelión del Concejo Deliberante de Famaillá. 

Famaillá (o "Faimallá" como lo pronuncia la ignorante que tenemos por Presidente) es un pueblucho que desde hace casi 25 años se encuentra gobernado por dos cuadrúmanos de apellido Orellana. José y Enrique Orellana son gemelos, justo igual que Rómulo y Remo, los fundadores mitológicos de Roma. Pero mientras los gloriosos gemelos antiguos ejercieron la diarquía, estos sospechosos gemelos contemporáneos practican la alternancia: un rato uno, un rato el otro. Y, cuando la Intendencia ya está ocupada por uno de los dos, el gemelo sobrante se convierte en legislador provincial. Así lo vienen haciendo, por lo menos, desde el año 1995.  

En el lapso en que este par de ucumarus han gobernado, Famaillá ha dejado de ser un pueblo olvidado de la Patria para pasar a ser un pueblo olvidado de la Patria pero con un conjunto de espantosas atracciones turísticas. Es que, al parecer, estos personajes -al igual que muchos otros en la provincia- comprendieron bastante bien eso de que el turismo es ideal para blanquear dinero, por lo que no sintieron ni el más mínimo remordimiento al instalar una réplica del Cabildo de Buenos Aires y otra de la Casa de la Independencia en aquellas tierras en las que el General Lavalle libró una batalla decisiva contra el General Oribe en el siglo pasado. También son famosos por organizar fastuosos festivales municipales, que, por el exceso de mal gusto, parecen carnavales fuera de temporada. 

Pues bien, en 2013, el Orellana que fungía de legislador provincial declaró que quería convertirse nada más y nada menos que en diputado nacional. Semejante mandril que precisa de un traductor al castellano para que se le entienda lo que dice cada vez que habla ¡quería ocupar en el Congreso de la Nación el mismo escaño que supo ocupar el mismísimo Juan Bautista Alberdi! Una barbaridad (o, más bien, la más dura barbarie). 

Alperovich, el tiranuelo hebreo, le cortó las alas al sueño de Orellana. En su lugar, y tal vez para despreciarlo, promovió a una mujer famaillense, afiliada -según dicen- al sindicato de ineptos exitosos de La Cámpora. Al final Orellana le devolvió la cachetada al Jefe del Sanedrín, uniéndose a la versión tucumana del Frente Renovador de Sergio Massa, junto a otros personajes de una calaña y reputación igual de lamentable. 

Para contragolpear al dirigente díscolo y darles, de paso, una lección a los demás líderes comunales que estén planeando algo similar a lo de Orellana, el Gobernador mandó a Osvaldo Jaldo a generar el caos. Jaldo, un finquero de Trancas que oficia de capataz del Estado copado por los clanes judíos, no tuvo mejor idea que invertirle el Concejo Deliberante de Famaillá a los Orellana: así, tras haber contado con el ciego apoyo de la totalidad de los concejales por dos años, los carbónicos hermanos se encontraron con que el 75% de los ediles no sólo son opositores ahora, sino que hasta tienen los bríos de comparar a estos "trabajadores del pueblo" con el infame Pablo Escobar Gaviria. Sería injurioso decir que esas voluntades fueron compradas, porque, es obvio, resulta más descriptivo decir que más bien fueron alquiladas. 

La guerra de Alperovich contra el massismo recién empieza. Lo que se rumorea es que el Gobernador no está interesado en confrontar al bonaerense, sino sólo a sus adeptos tucumanos, pues a nadie extrañaría que este hoy gran "defensor del Modelo Nacional y Popular" de los Kirchner el día de mañana se convierta en el más renovado de los irónicamente llamados renovadores. 


César Thames

lunes, 3 de marzo de 2014

Inútiles para la Corona

Apreciado lector, 

Asistimos en estos días a la confirmación del alejamiento de la Presidente Cristina de Kirchner del matrimonio que gobierna Tucumán. En épocas en las que la inflación dejó de ser una sensación inoculada por los medios masivos de comunicación para pasar a ser un serio problema económico, la César no puede más que hacer cálculos; por ello los Alperovich-Rojkés, calculadores hábiles por naturaleza, dejaron de ser atractivos para ella. Los números de las últimas elecciones hablan por si solos: el Frente para la Victoria de Tucumán apenas superó el 45% de los votos emitidos, consiguiendo solamente dos de las cuatro bancas de diputados nacionales en juego. Esas cifras, comparadas con la cifras recogidas en la provincia en 2011, dejan en evidencia el tremendo desgaste padecido por el alperovichismo. 

A raíz de ello, la Presidente optó por deshacerse de Beatriz Rojkés como autoridad en el Senado de la Nación, y reemplazarla por Gerardo Zamora, un acomodaticio santiagueño que puede darle cátedra a Alperovich sobre como feudalizar su territorio: nacido en el seno de la UCR como el tiranuelo hebreo del Tucumán, Zamora neutralizó por igual a radicales y peronistas, llegando al punto de aportarle al régimen oficialista la nada despreciable cantidad de siete hombres en la Cámara Baja y otros tres en la Alta, los que contribuyen estratégicamente a mantener funcionando al Congreso de la Nación como una escribanía de la Casa Rosada. 

Hoy por hoy, a la administración de Cristina de Kirchner la sostienen el ex-carapintada Sergio Berni y el veterano del Operativo Independencia César Milani. Jorge Capitanich oficia de maestro de ceremonias del incendio, en tanto que los demás caciques del PJ sufren de la desorientación de saber que tienen que ensayar un salto hacia afuera del régimen K pero sin tener muy presente cuál es el momento exacto para hacerlo. En ese último grupo entran José Alperovich y su esposa: en Casa Rosada son vistos como "peronistas", más allá de que sepan que en realidad no lo son ni quieren realmente serlo (pues es el Likud la verdadera afiliación del matrimonio gobernante). 

La penosa "Betty" confiaba en que seguiría sentada en su trono, amenazando con tomar las riendas del país ante una eventual caída de la Presidente y de su Vicepresidente. Semejante confianza no es para menos: desde 2009 no hizo mérito alguno como para ocupar ese puesto (de hecho hizo todo lo posible como para ser eyectada de él, desde la vez que votó para condenar a Boudou sin darse cuenta de qué era lo que hacía, hasta la vez que intentó impedir sin fundamentos el juramento de la Senadora Nacional Silvia Elías de Pérez, pasando por todas las barrabasadas que dijo cada vez que abrió la boca para opinar sobre temas de actualidad), por lo que suponía que sólo con ser quien es y jurar sobre el Tanaj de los fariseos tenía asegurado el mando de la Cámara de Senadores. Pero las circunstancias, lamentablemente para ella, hablan en otro idioma.  

La escalada de Alperovich parece haber alcanzado su límite. Con su mujer depuesta por un inescrupuloso santiagueño y sus hijos acusados de corruptos, narcotraficantes y homicidas, el Zar contempla la posibilidad de reconvertir sus negocios, moviendo algunos hilos para ubicar a sus laderos más fieles y esperar la traición que él mismo supo ejecutar cuando, hace diez años atrás, se apoderó de la muy noble provincia de Tucumán. 


César Thames

domingo, 23 de febrero de 2014

El día que Tucumán no pudo ser Estocolmo

Estimado lector,

La novedad de estos días en la vapuleada Tucumán es, como tristemente nos hemos enterado, que la infame Fundación María de los Ángeles recibirá un predio que pertenece al noble Liceo Militar “General Gregorio Aráoz de Lamadrid”. Decenas de niños se verán así privados de un campo de deportes, sólo por el deseo de algunos de ver crecer a un edificio que albergará, según se supone, a un jardín de infantes. Ha sido Agustín Rossi, el mismísimo pelele que oficia de Ministro de Defensa, quien ha avalado el atropello del patrimonio castrense. Al parecer el nefasto gobierno kirchnerista ha empezado a notar que Hebe de Bonafini está perdiendo verborragia, por lo que temen quedarse sin una energúmena que implante culpa a través de la victimización; entonces les urge conseguirle un sustituto a la anciana, y Susana Trimarco cumple cada día mejor ese rol.   
La señora Trimarco ha demostrado tener una lengua esputadora. Sólo es cuestión de acercarle un micrófono y una cámara de filmación para incitarla a que se condene por intermedio de sus palabras. La Nueva Hebe aspira a que la vida impune que le ha facilitado su situación personal y su relación con el poder le dure para siempre. 

La única exigencia que Trimarco tiene para que, cual agraciada jovencita, la consagren Reina Nacional de los Derechos Humanos, es que la maquinaria de fantasmas que opera produzca, cada tanto, un nuevo motivo que la justifique. Es decir, el gran defecto de la versión anterior de Trimarco –me refiero, claro, a la Bonafini– es que los niños desaparecieron de sus casas sólo una vez, y, por más que se los busque (y hasta se los encuentre), su destino es el extravío eterno. La señora de Bonafini es un poderoso símbolo del error irreparable, pues ella no es hacedora de finales felices; por ello su presencia ha ido irritando cada vez más con los años, ya que la paciencia ante una supuesta víctima que se dedica a enmierdar a quien no le agrada se va agotando en el buen ciudadano que la ve vomitar odio constantemente sin que nadie se atreva a acercarle un atiemético para no quedar mal parado ante la opinión pública. Trimarco, en cambio, si puede probar que sus veneno verbal si es tolerable: sólo debe salir a la calle, buscar a una jovencita de vida disoluta, venderle una beca o una jubilación para que deje el oficio más antiguo del mundo el cual eligió ejercer voluntariamente, y convencerla de que siga el guión que le escribieron los creadores de ficción que trabajan en La María de los Ángeles. Ese guión la exhorta a que afirme que no es una meretriz porque no le alcanza para vivir con lo que cobra de los planes sociales, sino que lo es porque fue raptada, violada, torturada y obligada a tener sexo con hombres a cambio de seguir siendo mantenida con vida.

Es cada vez menos la gente que cree que la película que produce Susana Trimarco es real. Pero, aun así, muchos se niegan a contrariar cualquier cosa que ponga en duda su veracidad. Entonces, cada tanto, los propios hechos dejan al descubierto los hilos del titiritero.

En enero, La María de los Ángeles buscaba a una mujercilla que se había ausentado de su hogar. La fémina en cuestión apareció unos días después, contó que había estado secuestrada en un galpón junto a otras ocho de sus pares, y luego borró todas las evidencias que tenía a su alcance y le pidió a la Justicia que no la “revictimice” obligándola a eso tan molesto de tener que colaborar con la investigación. Pues bien, este mes las desventuras de las doncellas buscadas por la ONG de Trimarco tuvieron un final peculiar. Sucede que la princesa en peligro por la que Fundación María de los Ángeles pedía su presencia apareció en Santiago del Estero, pero detenida como cómplice de un robo. Al parecer estaba de novia con un hombre unos veinte años más grande que ella con quien se dedicaba a las artes de la sustracción de lo ajeno. El pobre infeliz tuvo la suerte de caer en Santiago del Estero y no en Tucumán, ya que de haber sido detenido aquí no se hubiese tardado ni un minuto en conocerse lo que, “de verdad”, ocurrió: él es un proxeneta que capturó a la desdentada, le propinó una paliza, la ultrajó, y después la utilizó para cometer un robo; y ella, por su parte, es una desafortunada empleada y estudiante que fue raptada a plena luz del día cuando caminaba por la calle, y que ahora, para sorpresa de todos, padece del síndrome de Estocolmo, ese que la mueve a simpatizar con su perverso corruptor. A Susana Trimarco la aguarda un Premio Nobel de la Paz, y, si no se puede conseguir ello, un Óscar no vendría mal.


César Thames

martes, 11 de febrero de 2014

El ángel del Zar

Apreciado lector,

Seguramente usted está al tanto del nuevo episodio de “Los Alperovich Rojkés”: a Gabriel, el primogénito, lo acusan de haber amparado a Juan Suris, un narcotraficante, usurero y tratante de personas oriundo de Bahía Blanca. Sin embargo este dato es inexacto. Y lo es, básicamente, porque en la escucha telefónica que llegó hasta la prensa se lo oye al tal Suris afirmar que se encontraba alojado en el domicilio “del hijo de Alperovich”, sin especificar puntualmente a cual de los dos vástagos del Gobernador se refería.

Pese a que el tema se tornaba difuso para la opinión pública, Gabriel Alperovich, tal vez involuntariamente, tal vez preso del pánico, se encargó de darle una forma más concreta: al asumir que Suris lo había señalado como cómplice, reconoció que el maleante lo conocía personalmente. Entonces el hijo del Gobernador, con el agua hasta el cuello, no pudo más que inventar una excusa. Y el problema es que se trata de una excusa increíblemente inverosímil: el circuncidado Principito dijo que, en Buenos Aires, alguien le usurpa la identidad. Esta historieta tiene la particularidad de copiar el mismo argumento que usó ese muchachito al que lo sindican por ser el responsable de haberle hackeado las computadoras a celebridades menores de la farándula nacional. La diferencia entre el presunto “Camus Hackers” y el niño Gabriel es que el segundo, a diferencia del primero, cuenta con los recursos suficientes como para entregar a un testaferro (en el vestido policíaco-judicial de “perejil”) ante la Justicia. ¡Que no os extrañe en consecuencia que “el hijo de Alperovich” del que hablaba Suris sea un Juan Pérez dispuesto a embarrarse por vaya uno a saber qué trato infame!

Sarita Alperovich, como es sabido, tiene una pasión por los brebajes que hacen perder la verticalidad. ¿Gabriel Alperovich es de un club diferente? ¿Y qué hay de Daniel Alperovich? Creo que ni a mi, ni a cientos de miles de tucumanos, nos molestaría ver una rinoscopia de la familia gobernante. Si el Gobernador de Chubut aceptó el desafío ante la mirada de las cámaras fotográficas, ¿por qué no deberían de hacerlo nuestros funcionarios provinciales y sus controversiales familias? Quedaría en evidencia que clase de “ángel” es Gabriel Alperovich y a que remite el apodo del “Zar” que le han colocado al mandatario.



César Thames  

sábado, 14 de diciembre de 2013

El atornillado

Estimado lector,

El miércoles me encontraba en el Jockey Club de San Miguel de Tucumán cuando, complacido, atestigüé la manifestación masiva que se gestó en contra de José Alperovich. Por supuesto que yo, debido a mi conciencia cívica, no me privé de sumarme a la multitud que protestaba. Lo que pude percibir es que esa concentración humana se trataba de una pluralidad unida: había conservadores y progresistas, ultraizquierdistas y ultraderechistas, ricos y pobres, jóvenes y viejos, en fin, en la Plaza Independencia el miércoles se vio a toda clase de tucumanos unidos por la lucha en contra de la tiranía más nefasta en la historia de la provincia.

Ciertamente el cachetazo popular obliga a Alperovich a bajarse del camello. Pero el Sultán aún no lo ha hecho. Y es difícil decir si en definitiva lo va a hacer, o si, por el contrario, mantendrá su actitud negacionista y escurridiza hasta que algún nuevo acontecimiento le sirva como cortina de humo. Conociéndolo, lo más probable es que ocurra lo segundo. Lamentablemente para nosotros.  

Hasta ahora el único cambio que Alperovich ha efectivizado es el del Jefe de la Policía; el Ministro de Seguridad Ciudadana, Jorge Gassenbauer, sigue cómodo en su sillón –“atornillado”, como se dice en la jerga popular–, pese a tener una enorme  responsabilidad en haber permitido que en Tucumán proliferen las trincheras y las barricadas. Es que Gassenbauer es parte de la mesa de decisiones del Gobernador, por lo que no sólo es uno de la etnia sino que también es uno de “la familia”. Expulsar a ese incompetente del cargo sería como darse un puntapié a si mismo.

Gassenbauer llegó a su puesto el año pasado, después de que un grupo de jueces correctamente evitó hacer la voluntad de Susana Trimarco y, desmadrada, la señora de los subsidios multimillonarios embistió contra el Gobernador invocando a Cristina Kirchner (que todavía en ese entonces no se había consagrado como la mejor intérprete de la danza macabra, tal y como a la vista de todos lo hizo sin pudor alguno recientemente en la "Fiesta de la Democracia"); Alperovich, buscando evitar la pérdida de madrinazgo, acordó descabezar al Ministerio de Seguridad Ciudadana para tener un chivo expiatorio, y allí apareció Gassenbauer como sustituto. La ocupación de esa cartera ministerial por parte de este sujeto hacía suponer que se venía una reestructuración en el ámbito policial, ya que, como indiqué, a primera vista Gassenbauer equivale a Alperovich, y es probable que el jinete de dromedarios –que conoce muy bien el asunto de poner prestadores de nombres para ocuparse de los asuntos propios– no juegue a la ruleta rusa con su propia imagen. Un año después comprobamos que la reestructuración no ocurrió y que el Zar se pegó un tiro a si mismo.

Lo más reprochable del “manejo” de la protesta policial que hizo Alperovich fue su rapidez para vaciar las concesionarias de autos de su familia el día lunes, mientras le decía a la prensa que estaba por solucionar el inconveniente del acuartelamiento. Eso demuestra cuan ruin y miserable es este empresario devenido Gobernador. Por supuesto que, a fin de evitar el pánico, no le correspondía anunciar que el malón iba a avanzar por la ciudad, pero si su sospecha o certeza era que el caos se estaba avecinando, lo más lógico hubiese sido que use sus habilidades de negociador (habilidades que debe tener bien cultivadas) para impedir que decenas de comercios fuesen saqueados y que unos pobres infelices muriesen en el intento, evitando con ello además que miles de familias se vean presas del terror. Pero no lo hizo. Por ello, tras la manifestación del miércoles, la gente optó por ir a manifestarse directamente ante el frente de su residencia. Esto ya no es un tema político sino una cuestión personal. 
  
Lo más triste de todo este asunto es que Alperovich, en lugar de asumir la responsabilidad como hizo en Jujuy su paisano Eduardo Fellner, apuntó en contra de otros. Primero dijo que la policía disidente era la culpable de los saqueos (y por eso empezaron a publicitar la persecución contra un grupo de agentes del orden de mala traza) y después señaló a políticos y sindicalistas opositores como los artífices de la reacción ciudadana en su contra (con el propósito de crear sentimientos encontrados en un pueblo que pide a gritos su destitución).

Ciego, sordo y mudo, Alperovich repone los cientos de autos en su concesionaria mientras la tempestad sacude a la provincia de un lado al otro. El sillón del ilustre Lucas Córdoba le ha quedado grande, y, en lugar de bajarse para que otro lo ocupe, sólo atina a atornillarse al mismo.



César Thames

martes, 10 de diciembre de 2013

Vuelva General

Apreciado lector,

Hoy, 10 de diciembre de 2013, se cumplen treinta años desde que un opaco hombrecillo se puso una banda presidencial e inauguró lo que la historiografía ha dado en llamar “la Democracia”. Tres décadas de caos económico, tres décadas de resquebrajamiento del tejido social, tres décadas de subversión cultural, en fin, tres décadas de demagogia es lo que nos toca hoy ¿celebrar? ¿conmemorar? ¿lamentar?

Personalmente el 10 de diciembre es un día más en mi calendario: no me alegra ni me entristece. Mi santoral indica que hoy es la festividad de Nuestra Señora de Loreto, una advocación mariana que nació en el siglo XIII cuando un grupo de ángeles trasladó la casa de la Virgen María a Europa para evitar que los sarracenos en Tierra Santa la profanaran. Casualmente ayer por la tarde pensaba en lo oportuno que sería contar con un cortejo de ángeles que me facilitase mi mudanza para dejar estas barbarizadas tierras del Tucumán y me llevasen hacia donde reina la civilización. Es que, como a muchos de mis compatriotas, me tocó padecer la inquietud de verme atacado por un malón.

En efecto, ayer fue un día lleno de tribulaciones. Durante horas los originarios tomaron las calles de San Miguel de Tucumán y Nueva Tierra de Promisión para delinquir sin el temor a ser reprimidos por la fuerza policial acuartelada. Un enjambre de motocicletas recorrió la ciudad causando pánico en la gente, especialmente en aquellos desafortunados propietarios de comercios (se salvaron, sin embargo, los sindicatos, las fundaciones de lucha contra la trata de persona, las concesionarias de autos, las viviendas de los políticos y otros lugares que hubiesen significado provechosos botines para la delincuencia). La gran mayoría de esos “ilustres” seres de piel bronceada y cabellos duros que delinquían del mismo modo en que alguna vez lo hicieran sus antepasados eran jóvenes, gente nacida en los años en que aquel pelele que cité al principio gobernaba, o arrojados a la vida durante la década en que un mercachifle árabe creyó poder devenir Sultán de mi amada Argentina. Los hijos de “la Democracia” le prepararon la fiesta de aniversario a su madre de la mejor forma en que saben hacerlo: mancillándola.

Es que estos obscuros jamás han entendido lo que es la democracia, porque nunca han tenido la oportunidad de experimentarla. Y estos últimos treinta años, en lugar de funcionar como escuela para la originada, sólo han servido para arrebatarles la instrucción cívica y la dignidad ciudadana, convirtiéndolos, primero, en aquella masa salvaje que un General –Juan Domingo Perón– supo manipular para construir un poder que violenta las instituciones republicanas, y transformándolos después en aquella turba bruta que otro General –Julio Argentino Roca– supo domesticar a través de las armas.  

Sin embargo no son esos Generales los que la patria hoy en día necesita. Creo yo que, más bien, el General que a la Argentina le urge convocar viste un hábito negro y responde al nombre de “Ignacio de Loyola”. Evidentemente quien puede traer ese liderazgo a nuestras tierras es su discípulo que oficia de Obispo de Roma. Ante tanta conflictividad social una voz pacificadora como la del Papa Francisco es lo que Argentina requiere. También sería bueno que fuesen reconstituidas las viejas misiones jesuíticas que pululaban por estas tierras antes de la Pragmática Sanción de 1767, ya que, sin ellas, “el Braian”, “la Yamila” y los demás “incluidos” del kirchnerismo se vuelven en contra del orden social que los ampara y desintegran al Relato que los celebra sólo por un televisor nuevo y una cuantas botellas de vino azul.



César Thames

miércoles, 28 de agosto de 2013

Un frustrado Rothschild

Estimado lector,

Hoy vi un camello en Capital Federal. No se trataba de una visita sorpresa de los Reyes Magos, sino de la evocación de dos personajes que se creen monarcas y cuya única capacidad mágica aparente es la capacidad de acrecentar exorbitantemente su patrimonio sin que la Justicia perciba a ello como delictivo. Allí iban por las calles porteñas el matrimonio Alperovich, acompañados por la gente de la Asociación Bancaria.

El conflicto, como todos saben, empezó cuando el Gobernador dispuso que el popular rufián Armando Cortalezzi se convirtiese en interventor de la Caja Popular de Ahorros, el banco que administra el Estado provincial. Cortalezzi, casi como uno de los miembros de la Cosa Nostra, implementó una serie de medidas para apoderarse de la entidad sin concederles nada a los que hasta ese momento la controlaban. Desde entonces el enfrentamiento entre el gobierno provincial y el sindicato de banqueros ha ido creciendo y ramificándose. La gente de la Bancaria puso dinero para reavivar la Causa Lebbos, para fiscalizar las elecciones de este año y para paralizar la actividad de los bancos de todo el país a favor de sus reclamos.

La contraofensiva alperovichista ha sido lamentable: cuando hubo elecciones en el gremio pusieron un candidato que contaba con su auspicio, pero aún así perdió por paliza frente al candidato promovido por los empleados bancarios.

José Alperovich siempre tuvo dos sueños: controlar los medios de comunicación y vivir de la usura. Así fue como llegó a ser Director de Canal 10 gracias a su militancia en la UCR (la Universidad Nacional de Tucumán, dueña del canal, era gobernada en aquel entonces por el ucerismo), pero salió eyectado por incompetente. Después probó suerte con un banco, el infame Banco Noar, en el que también estaban los hoy funcionarios Carlos Rojkés y Jorge Gassenbauer. En los años en que dirigió esa entidad, Alperovich cometió toda clase de ilícitos como la estafa, el abuso de autoridad y la licuación de acciones. En 1994, el Banco Noar se fusionó con el Banco Mayo –el de Rubén Beraja– y un tiempo después se produjo la quiebra fraudulenta.    

En la actualidad, tras una década de gobernar Tucumán, Alperovich ha logrado que la mitad de los medios de comunicación tucumanos sean serviles a su régimen, y que la otra mitad lo trate con lenidad. De todos modos eso no equivale a haberse convertido en el magnate de las comunicaciones que pretendía ser. Y mandar a matones de antecedentes prostibularios a copar un banco tampoco lo convierten en el respetado hombre de finanzas que se imaginaba que algún día sería.

El deseo de Alperovich de convertirse en un Rothschild está muy lejos de realizarse. Es más real, en cambio, una habitación con una ventana cubierta por una reja y un traje a rayas.



César Thames

jueves, 8 de agosto de 2013

Las víctimas

Amigo lector,

Durante estos últimos diez años hemos visto como el gobierno de los Alperovich se desfiguraba hasta convertirse en una versión ligera de la tiranía que un cabo austriaco supo ejercer en la Europa del siglo pasado. Lo más lamentable de todo este proceso ha sido observar como el clan hebreo verticalizó a la provincia en torno suyo.

La ideología del camaleónico Alperovich es el oportunismo: en veinte años fue radical usurero, bussista servil, duhaldista ambicioso y kirchnerista militante; su piel es del color del tiempo. A la oposición la dividió hasta reinar, y al Partido Justicialista lo convirtió en una empresa familiar dirigida por su esposa en el rol de Dama de la Esperanza, eliminando con ello toda voz de disidencia relevante.   

El Poder Judicial tampoco ha sido obstáculo para Alperovich, quien –conociendo la experiencia de Esteban Jerez en sus años de Fiscal Anticorrupción durante el gobierno de Miranda– llenó los juzgados de juristas mediocres pero afines a él, y persiguió o aisló al resto de los que no querían someterse a sus excesos.

Los sindicatos (y su versión desnutrida y chagásica, o sea los piqueteros) han doblado sus rodillas ante “Camello” Alperovich. Sólo los gremios de docentes, de médicos, de bancarios y de policías, vale decir las cuatro profesiones que menos deberían procurar desarrollar actividades sindicales por el bien de la sociedad a su cargo, han inquietado mínimamente al Tirano. Las asociaciones de consumidores no han podido tampoco triunfar en sus intentos por salvar a los bolsillos hogareños de la rapacidad de los transportistas, de la de los supermercadistas y de la de los concesionarios de servicios públicos.

Como un Perro Familiar, Alperovich aplastó a los productores rurales, preocupado siempre en buscar la manera de duplicar a nivel provincial a la política en contra del campo que impulsa el gobierno kirchnerista a nivel nacional. Los ambientalistas, pese al ecocidio diario que se atestigua en Tucumán, no han logrado llamar la atención de la población adormecida.

Sectores otrora críticos como los estudiantes o los académicos no buscan en la actualidad siquiera una excusa para enfrentarse a la tiranía. Y desde el ámbito cultural la reacción más extendida en contra de Alperovich ha sido el más chabacano escapismo.

La Santa Iglesia Católica Apostólica Romana tuvo allá lejos y hace tiempo los bríos suficientes para velar por la Constitución Provincial, cuando, por ejemplo, Monseñor Luís Villalba sostuvo que un judío no podía ser gobernador en una provincia que exigía a los católicos ejercer ese puesto. Eran épocas en que la dictadura de la “corrección política” todavía no era más que el murmullo de unos cuantos marginales. Alperovich, como una serpiente en la sombra, hizo caso omiso a la prohibición constitucional, y terminó desquitándose contra esa obra maestra del constitucionalismo nacional y hasta contra nuestra bandera.

Y los Alperovich tampoco tuvieron en la prensa, en el mentado “cuarto poder”, a un objetor poderoso. Algunos periodistas han logrado agitar las aguas, pero sus intentos de llegar lejos con esa actitud se han diluido muy rápido, gracias a las prebendas o a los aprietes de las fuerzas gubernamentales. De todos modos la culpa del fracaso de una prensa independiente en Tucumán no es entera responsabilidad de los periodistas, sino que más bien los autores de esta situación son los dueños de los medios de comunicación de la provincia.

Sin embargo algo cambió en este aspecto últimamente: Alberto Lebbos, el padre de la asesinada Paulina, empezó a conseguir micrófonos poderosos como los de Jorge Lanata. Ello generó conmoción en el clan, porque Lanata es escuchado por más de la mitad del país. Incluso en la ceremonia de entrega de los premios Martín Fierro, el periodista porteño mencionó al gobernante tucumano.

El propio José Alperovich, en respuesta a la embestida de Lanata, declaró que él es el gobernador tucumano que más ataques de prensa ha sufrido en la historia, agregando que, intolerantemente, lo critican por haber engendrado a un homicida y por vacacionar obscenamente en el desierto para sentirse un Sultán.  

La Senadora Beatriz Rojkés de Alperovich, Madre y Odalisca, habló sobre una operación mediática tan escandalosa para difundir infamias y mentiras que hasta se meten con su familia, la misma familia a la que ella y su marido le garantizaron una enorme cantidad de cargos públicos electivos y puestos de funcionarios en el Estado, sin contar con los incontables negociados financieros que con dinero de todos hicieron para favorecer a los empresarios del clan (Carlos Rojkés, Sara Alperovich, Leonardo Elgart, Naum Alperovich y un largo etcétera que incluye una multitud de nombres hebreos).

Según la opinión de los Alperovich, ellos son las víctimas del asesinato de Paulina Lebbos. Desde hace siete largos años, la Justicia ha entorpecido la investigación para llegar al día de hoy y ayudar a la prensa destituyente a que pierdan una elección. Al final resultó ser todo una conspiración para acabar con una familia de “patriotas” tucumanos. ¡Quien lo diría!



César Thames