sábado, 14 de diciembre de 2013

El atornillado

Estimado lector,

El miércoles me encontraba en el Jockey Club de San Miguel de Tucumán cuando, complacido, atestigüé la manifestación masiva que se gestó en contra de José Alperovich. Por supuesto que yo, debido a mi conciencia cívica, no me privé de sumarme a la multitud que protestaba. Lo que pude percibir es que esa concentración humana se trataba de una pluralidad unida: había conservadores y progresistas, ultraizquierdistas y ultraderechistas, ricos y pobres, jóvenes y viejos, en fin, en la Plaza Independencia el miércoles se vio a toda clase de tucumanos unidos por la lucha en contra de la tiranía más nefasta en la historia de la provincia.

Ciertamente el cachetazo popular obliga a Alperovich a bajarse del camello. Pero el Sultán aún no lo ha hecho. Y es difícil decir si en definitiva lo va a hacer, o si, por el contrario, mantendrá su actitud negacionista y escurridiza hasta que algún nuevo acontecimiento le sirva como cortina de humo. Conociéndolo, lo más probable es que ocurra lo segundo. Lamentablemente para nosotros.  

Hasta ahora el único cambio que Alperovich ha efectivizado es el del Jefe de la Policía; el Ministro de Seguridad Ciudadana, Jorge Gassenbauer, sigue cómodo en su sillón –“atornillado”, como se dice en la jerga popular–, pese a tener una enorme  responsabilidad en haber permitido que en Tucumán proliferen las trincheras y las barricadas. Es que Gassenbauer es parte de la mesa de decisiones del Gobernador, por lo que no sólo es uno de la etnia sino que también es uno de “la familia”. Expulsar a ese incompetente del cargo sería como darse un puntapié a si mismo.

Gassenbauer llegó a su puesto el año pasado, después de que un grupo de jueces correctamente evitó hacer la voluntad de Susana Trimarco y, desmadrada, la señora de los subsidios multimillonarios embistió contra el Gobernador invocando a Cristina Kirchner (que todavía en ese entonces no se había consagrado como la mejor intérprete de la danza macabra, tal y como a la vista de todos lo hizo sin pudor alguno recientemente en la "Fiesta de la Democracia"); Alperovich, buscando evitar la pérdida de madrinazgo, acordó descabezar al Ministerio de Seguridad Ciudadana para tener un chivo expiatorio, y allí apareció Gassenbauer como sustituto. La ocupación de esa cartera ministerial por parte de este sujeto hacía suponer que se venía una reestructuración en el ámbito policial, ya que, como indiqué, a primera vista Gassenbauer equivale a Alperovich, y es probable que el jinete de dromedarios –que conoce muy bien el asunto de poner prestadores de nombres para ocuparse de los asuntos propios– no juegue a la ruleta rusa con su propia imagen. Un año después comprobamos que la reestructuración no ocurrió y que el Zar se pegó un tiro a si mismo.

Lo más reprochable del “manejo” de la protesta policial que hizo Alperovich fue su rapidez para vaciar las concesionarias de autos de su familia el día lunes, mientras le decía a la prensa que estaba por solucionar el inconveniente del acuartelamiento. Eso demuestra cuan ruin y miserable es este empresario devenido Gobernador. Por supuesto que, a fin de evitar el pánico, no le correspondía anunciar que el malón iba a avanzar por la ciudad, pero si su sospecha o certeza era que el caos se estaba avecinando, lo más lógico hubiese sido que use sus habilidades de negociador (habilidades que debe tener bien cultivadas) para impedir que decenas de comercios fuesen saqueados y que unos pobres infelices muriesen en el intento, evitando con ello además que miles de familias se vean presas del terror. Pero no lo hizo. Por ello, tras la manifestación del miércoles, la gente optó por ir a manifestarse directamente ante el frente de su residencia. Esto ya no es un tema político sino una cuestión personal. 
  
Lo más triste de todo este asunto es que Alperovich, en lugar de asumir la responsabilidad como hizo en Jujuy su paisano Eduardo Fellner, apuntó en contra de otros. Primero dijo que la policía disidente era la culpable de los saqueos (y por eso empezaron a publicitar la persecución contra un grupo de agentes del orden de mala traza) y después señaló a políticos y sindicalistas opositores como los artífices de la reacción ciudadana en su contra (con el propósito de crear sentimientos encontrados en un pueblo que pide a gritos su destitución).

Ciego, sordo y mudo, Alperovich repone los cientos de autos en su concesionaria mientras la tempestad sacude a la provincia de un lado al otro. El sillón del ilustre Lucas Córdoba le ha quedado grande, y, en lugar de bajarse para que otro lo ocupe, sólo atina a atornillarse al mismo.



César Thames

martes, 10 de diciembre de 2013

Vuelva General

Apreciado lector,

Hoy, 10 de diciembre de 2013, se cumplen treinta años desde que un opaco hombrecillo se puso una banda presidencial e inauguró lo que la historiografía ha dado en llamar “la Democracia”. Tres décadas de caos económico, tres décadas de resquebrajamiento del tejido social, tres décadas de subversión cultural, en fin, tres décadas de demagogia es lo que nos toca hoy ¿celebrar? ¿conmemorar? ¿lamentar?

Personalmente el 10 de diciembre es un día más en mi calendario: no me alegra ni me entristece. Mi santoral indica que hoy es la festividad de Nuestra Señora de Loreto, una advocación mariana que nació en el siglo XIII cuando un grupo de ángeles trasladó la casa de la Virgen María a Europa para evitar que los sarracenos en Tierra Santa la profanaran. Casualmente ayer por la tarde pensaba en lo oportuno que sería contar con un cortejo de ángeles que me facilitase mi mudanza para dejar estas barbarizadas tierras del Tucumán y me llevasen hacia donde reina la civilización. Es que, como a muchos de mis compatriotas, me tocó padecer la inquietud de verme atacado por un malón.

En efecto, ayer fue un día lleno de tribulaciones. Durante horas los originarios tomaron las calles de San Miguel de Tucumán y Nueva Tierra de Promisión para delinquir sin el temor a ser reprimidos por la fuerza policial acuartelada. Un enjambre de motocicletas recorrió la ciudad causando pánico en la gente, especialmente en aquellos desafortunados propietarios de comercios (se salvaron, sin embargo, los sindicatos, las fundaciones de lucha contra la trata de persona, las concesionarias de autos, las viviendas de los políticos y otros lugares que hubiesen significado provechosos botines para la delincuencia). La gran mayoría de esos “ilustres” seres de piel bronceada y cabellos duros que delinquían del mismo modo en que alguna vez lo hicieran sus antepasados eran jóvenes, gente nacida en los años en que aquel pelele que cité al principio gobernaba, o arrojados a la vida durante la década en que un mercachifle árabe creyó poder devenir Sultán de mi amada Argentina. Los hijos de “la Democracia” le prepararon la fiesta de aniversario a su madre de la mejor forma en que saben hacerlo: mancillándola.

Es que estos obscuros jamás han entendido lo que es la democracia, porque nunca han tenido la oportunidad de experimentarla. Y estos últimos treinta años, en lugar de funcionar como escuela para la originada, sólo han servido para arrebatarles la instrucción cívica y la dignidad ciudadana, convirtiéndolos, primero, en aquella masa salvaje que un General –Juan Domingo Perón– supo manipular para construir un poder que violenta las instituciones republicanas, y transformándolos después en aquella turba bruta que otro General –Julio Argentino Roca– supo domesticar a través de las armas.  

Sin embargo no son esos Generales los que la patria hoy en día necesita. Creo yo que, más bien, el General que a la Argentina le urge convocar viste un hábito negro y responde al nombre de “Ignacio de Loyola”. Evidentemente quien puede traer ese liderazgo a nuestras tierras es su discípulo que oficia de Obispo de Roma. Ante tanta conflictividad social una voz pacificadora como la del Papa Francisco es lo que Argentina requiere. También sería bueno que fuesen reconstituidas las viejas misiones jesuíticas que pululaban por estas tierras antes de la Pragmática Sanción de 1767, ya que, sin ellas, “el Braian”, “la Yamila” y los demás “incluidos” del kirchnerismo se vuelven en contra del orden social que los ampara y desintegran al Relato que los celebra sólo por un televisor nuevo y una cuantas botellas de vino azul.



César Thames

sábado, 14 de septiembre de 2013

Un monte Taigeto para Griselda Barale

Pesando en el Bicentenario de la Independencia Nacional, el gobierno municipal tucumano comenzó a desarrollar una serie de obras para reacondicionar algunos espacios públicos en los que se conmemora y glorifica nuestro pasado común. Entre esas obras está la “Avenida de los Próceres”, que es el nombre que reciben un conjunto de estatuas ubicadas en el Parque 9 de Julio, sobre la vereda que acompaña a la Avenida Alberto Soldati: Nicolás Avellaneda es quien comienza la serie, y Julio Argentino Roca es quien la concluye, dejando que entre medio de uno y otro presidente tucumano se ubiquen Juan Bautista Alberdi, Gregorio Aráoz de Lamadrid, Ildefonso de las Muñecas y varios otros.  

Pues bien, sucede que Griselda Barale –aparentemente una profesora de Estética en la Universidad Nacional de Tucumán– tuvo los bríos de proponer que dichos monumentos sean vandalizados. Justifica semejante insolencia para ella el hecho de que la mayor parte de las esculturas fueron realizadas en la década de 1970, cuando el General Antonio Domingo Bussi era Gobernador, por lo que, según su opinión, tendrían un origen que conviene despreciar (como si fuese necesario hoy, a más de 35 años de aquellos sucesos, rechazar un estilo de administración de los destinos del país cuyo retorno se ha vuelto urgente). Además –agrega Barale– las estatuas son de mala calidad, “desproporcionadas, feas y mal terminadas”, pues, según cuenta la leyenda, los artesanos que las hicieron tuvieron poco tiempo para concluirlas.

A la tal Barale le molesta que los monumentos sean de inspiración nacionalista y que hayan sido sugeridos por una “mentalidad del siglo XIX”. Entonces todo ello sería excusa suficiente para dejar que algún mentecato manche con su mediocridad la pulcra memoria de los grandes hombres que ha dado la provincia, exhumando la subversión cultural que, precisamente, esas estatuas tienen por objeto sepultar. ¡Pobres prohombres del Tucumán! ¡Se sacrificaron por la patria sólo para que un opaco hombrecillo o una obscura mujercilla pueda demostrar lo poco que entiende sobre lo Bello y lo Verdadero! ¡Perdonaos por la miopía, vosotros, gloriosos espíritus tucumanos!

Lo más penoso de esta profesora parlanchina es que no se priva de proponer también que, en caso de no prosperar su incitación al infantilismo, directamente habría que quitar las estatuas y hacerlas desaparecer, como quien captura a alguien por la calle y lo aniquila sin mostrar después el cadáver.

De más está decir que repudiamos con total vehemencia a la promoción de semejante salvajismo en nombre del Arte. Con ese criterio tan estúpido de eliminar o banalizar algo que constituye nuestro espacio cultural común sólo por el hecho de que no nos satisface ni estética ni ideológicamente, entonces –al igual que aquellos paganos que nunca vieron una Cruz– habría que arrojar a miles desde la cima del monte Taigeto, a miles incluyéndola a Barale.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Sarita Alperovich (ebria) conducción

Querido lector,

El mundo contemporáneo está lleno de jóvenes brillantes y talentosos que son capaces de producir un futuro próspero para la humanidad. Lamentablemente esos jóvenes suelen ser opacados por otros que, sin una pizca de inteligencia, habilidad o astucia, consiguen puestos importantes por ser los hijos de quienes son. Yo, por supuesto, no estoy en contra de las dinastías y de los linajes, pero lo único que les exijo a las mismas para obsequiarles mi respeto es que sean nobles, vale decir la virtud no se hereda sino que se fabrica generación a generación, por tanto si ya se cuenta con un nombre y un honor que defender, más ardua resulta la tarea de educar a la descendencia.  

Ahora bien, cuando alguien no ha hecho nada para cultivar el espíritu de grandeza en uno, entonces poco le puede demandar a los hijos. Por tanto si uno toma de un lado a un banquero inútil y mediócrata frustrado que, gracias a la fortuna familiar y a la vergonzosa falta de convicciones, terminó consiguiendo un trono menor en un acuerdo con una banda de maleantes, y lo cruza con una mujercilla de neuronas perezosas y boca ponzoñosa, tendrá como resultado a una niña ambiciosa pero sin viveza para abrirse camino, típica hija de dos carenciados morales.

La heredera, hace unas horas, mostró su intimidad: detenida en su automóvil por unos uniformados, Sarita se encontraba vapuleada por el alcohol. El buen Baco la atrapó y el funcionario que le realizó el examen de alcoholemia no la dejó ir. La muy irresponsable apenas y podía mantenerse en pie, y aun así optó por retornar a su casa conduciendo ella misma. ¡Quien sabe cuantos tucumanos salvaron su vida milagrosamente del embiste del auto ebrio de la hija del Gobernador!

Este episodio que no sólo aconteció sino que fue difundido por la prensa para el regocijo de los ciudadanos decentes genera una pregunta: ¿está acabada la carrera política de la pequeña energúmena? Creo que, hoy, es difícil responder eso.

Atrás en el tiempo, Sarita Alperovich se convirtió en blanco de denuncias por discrecionalidad cuando se supo que, mes a mes, factura varios millones de pesos por trabajar como dentista para el PAMI: no se sabe bien si le extrae muelas a los ancianos o petróleo a las tierras del país. Poco tiempo después, esta millonaria artista de la curación de caries comenzó a “militar” intensamente a favor de sus padres.

Aquí es necesario abrir un paréntesis para hablar acerca de la mentada “militancia”. La “militancia” es en la actualidad el disfraz para justificar el fanatismo que llena billeteras. Como todavía no está bien visto que a alguien se le engorde la cuenta bancaria sólo por transcurrir horas navegando en las redes sociales de Internet, entonces los oportunistas sienten la necesidad de “militar” para tener algo con que responderles a todos aquellos que les recuerdan que no son más que parásitos perturbando el progreso del país. Concretamente, para “militar” hace falta conseguir un grupo de pobres lo más dócil posible (los niños son ideales para esto), un puntero de un partido político destinado a mantener el orden de la manada, un conjunto abundante de dádivas de poca calidad para serles regaladas a los afortunados, unas cuantas horas libres y, claro, una cámara de fotos o una filmadora para registrar debidamente el evento, pues, de hecho, ello es lo más importante del acto de “militar”. Una vez que se tienen todos los elementos, se ejerce la demagogia durante unos momentos y luego, cuando el material foto y filmográfico ya ha sido ubicado en la Internet, se informa a la comunidad que la “militancia” ha sido servida -esto es que un grupillo de chupópteros que aspiran a convertirse en chupópteros de renombre han “caminado un barrio” para “conocer las necesidades de la gente” y “brindarle ayuda social a los vecinos”. Sarita, la hija de José Alperovich y Beatriz Rojkés, se dedicaba a eso cuando no estaba firmando recibos enviados por los contadores del PAMI: ella era una “militante”.

¿Acaso un “militante” no puede emborracharse y zigzaguear velozmente con una tonelada de acero por una ciudad de noche? ¿Acaso no puede alguien que quiere servir a la gente poner en peligro a unas cuantas vidas tras una velada animada por el alcohol? ¿Acaso la hija de un Gobernador y de una Senadora Nacional tiene que mantener la compostura para que los frutos no den a conocer el árbol? ¿Acaso todo ello es excusa suficiente para que Sarita Alperovich renuncie a sus intentos de obtener fueros parlamentarios en 2015?


César Thames

viernes, 30 de agosto de 2013

¿Fue la ola de inseguridad en Tafí del Valle parte de un ritual?

Entre abril y julio de este año hubo una ola de robos a viviendas en la pacífica localidad de Tafí del Valle. Ello generó verdadero pánico tanto entre la gente que habita en esa ciudad como en aquellos que poseen casas de veraneo. Lo curioso del caso fue que, a principios de agosto, a una parte del botín la hallaron enterrada.

El Padre B., uno de los hombres más sabios que he conocido en toda mi vida, tiene una interesante hipótesis acerca del asunto.

– ¿Para usted los robos en Tafí del Valle ocultan algo?

– Tal cual. Yo sospecho que es algo esotérico. Para mi a esos robos los perpetraron para poder llevar a cabo un ritual.

– ¿Por qué sostiene eso?

– Por la situación en si. Fíjese: durante varios meses un grupo de delincuentes se dedicó a robar casas en Tafí del Valle; en la volteada cayó todo el mundo, incluso gente del gobierno (la prensa contó que uno de los robados fue el Senador Sergio Mansilla); un tiempo después encuentran que buena parte del botín estaba enterrado. ¿Los ladrones robaron para ocultar lo sustraído? No tiene mucho sentido.

– Quizás estaban acopiando el botín para sacarlo de la ciudad a medida que iban consiguiendo compradores, quizás el pozo era un aguantadero.

– Recuerde que en esa zona es normal que nieve, ¿aún así usted dejaría electrodomésticos y otros objetos sensibles en medio del frío taficeño? Se le filtra el agua y le inutiliza todo. Entonces o eran los ladrones más estúpidos del mundo, o enterraron lo robado por otro motivo.

– ¿Y cual es ese motivo? ¿El ritual que usted dice? ¿Qué tipo de ritual?

– Yo creo que se trata de un ritual vinculado a la creencia pagana de la Pachamama. El primer día de agosto, la gente que vive en la zona de los Andes que pertenecían al imperio de los Incas tiene la costumbre de hacer algo llamado “la corpachada”, que consiste en arrojar dentro de un pozo diversas cosas a manera de ofrenda a la “Madre Tierra”. Principalmente se arrojan alimentos, pero se puede arrojar cualquier cosa: joyas, indumentaria, utensilios, armas, incluso personas en sacrificio, cualquier cosa sirve y, por supuesto, tienen diversos significados.

– ¿Entonces los ladrones de Tafí del Valle serían una banda de “pachamamistas” que estaban cumpliendo con algún tipo de ritual religioso?

– No creo que sea exactamente así. La policía capturó a ocho personajes: siete ladronzuelos que viven en esa localidad, y un bandido de larga trayectoria proveniente de Alderetes. Los taficeños apresados confesaron que había más gente involucrada en el asunto (recuérdese que en algunos casos se identificaron entre los malvivientes a hombres que tenían un excelente manejo de armas largas y una gran capacidad para dar órdenes y controlar situaciones), pero el sujeto de Alderetes, el más prontuariado de todos, mantiene un silencio absoluto hasta el día de hoy.

– ¿Esa otra gente involucrada serían los autores intelectuales de los robos?

– Sí, es lo que pienso: un grupo de gente poderosa, es decir un clan que controla la provincia, le pagó a alguien para que arme una banda de ladrones que tome pertenencias de gente que le es hostil o que no le es ciento por ciento leal (no al punto de poder mostrarle abiertamente sus extrañas creencias) y las ofrende a la Pachamama. Es un ritual típico para, supuestamente, “acrecentar el poder” con el apoyo de la diosa madre, porque no nos olvidemos que la policía dijo que entre los televisores, las radios y la ropa habían alimentos arrojados en el suelo. No me extraña que esta gente, y usted sabe bien de quienes hablo, haga este tipo de cosas. Ellos creen en ese tipo de superstición, y para alguien así siempre les conviene contar con la protección extra a no hacerlo, sobre todo si se está caminando sobre la cuerda floja como ellos.

miércoles, 28 de agosto de 2013

Un frustrado Rothschild

Estimado lector,

Hoy vi un camello en Capital Federal. No se trataba de una visita sorpresa de los Reyes Magos, sino de la evocación de dos personajes que se creen monarcas y cuya única capacidad mágica aparente es la capacidad de acrecentar exorbitantemente su patrimonio sin que la Justicia perciba a ello como delictivo. Allí iban por las calles porteñas el matrimonio Alperovich, acompañados por la gente de la Asociación Bancaria.

El conflicto, como todos saben, empezó cuando el Gobernador dispuso que el popular rufián Armando Cortalezzi se convirtiese en interventor de la Caja Popular de Ahorros, el banco que administra el Estado provincial. Cortalezzi, casi como uno de los miembros de la Cosa Nostra, implementó una serie de medidas para apoderarse de la entidad sin concederles nada a los que hasta ese momento la controlaban. Desde entonces el enfrentamiento entre el gobierno provincial y el sindicato de banqueros ha ido creciendo y ramificándose. La gente de la Bancaria puso dinero para reavivar la Causa Lebbos, para fiscalizar las elecciones de este año y para paralizar la actividad de los bancos de todo el país a favor de sus reclamos.

La contraofensiva alperovichista ha sido lamentable: cuando hubo elecciones en el gremio pusieron un candidato que contaba con su auspicio, pero aún así perdió por paliza frente al candidato promovido por los empleados bancarios.

José Alperovich siempre tuvo dos sueños: controlar los medios de comunicación y vivir de la usura. Así fue como llegó a ser Director de Canal 10 gracias a su militancia en la UCR (la Universidad Nacional de Tucumán, dueña del canal, era gobernada en aquel entonces por el ucerismo), pero salió eyectado por incompetente. Después probó suerte con un banco, el infame Banco Noar, en el que también estaban los hoy funcionarios Carlos Rojkés y Jorge Gassenbauer. En los años en que dirigió esa entidad, Alperovich cometió toda clase de ilícitos como la estafa, el abuso de autoridad y la licuación de acciones. En 1994, el Banco Noar se fusionó con el Banco Mayo –el de Rubén Beraja– y un tiempo después se produjo la quiebra fraudulenta.    

En la actualidad, tras una década de gobernar Tucumán, Alperovich ha logrado que la mitad de los medios de comunicación tucumanos sean serviles a su régimen, y que la otra mitad lo trate con lenidad. De todos modos eso no equivale a haberse convertido en el magnate de las comunicaciones que pretendía ser. Y mandar a matones de antecedentes prostibularios a copar un banco tampoco lo convierten en el respetado hombre de finanzas que se imaginaba que algún día sería.

El deseo de Alperovich de convertirse en un Rothschild está muy lejos de realizarse. Es más real, en cambio, una habitación con una ventana cubierta por una reja y un traje a rayas.



César Thames

jueves, 8 de agosto de 2013

Las víctimas

Amigo lector,

Durante estos últimos diez años hemos visto como el gobierno de los Alperovich se desfiguraba hasta convertirse en una versión ligera de la tiranía que un cabo austriaco supo ejercer en la Europa del siglo pasado. Lo más lamentable de todo este proceso ha sido observar como el clan hebreo verticalizó a la provincia en torno suyo.

La ideología del camaleónico Alperovich es el oportunismo: en veinte años fue radical usurero, bussista servil, duhaldista ambicioso y kirchnerista militante; su piel es del color del tiempo. A la oposición la dividió hasta reinar, y al Partido Justicialista lo convirtió en una empresa familiar dirigida por su esposa en el rol de Dama de la Esperanza, eliminando con ello toda voz de disidencia relevante.   

El Poder Judicial tampoco ha sido obstáculo para Alperovich, quien –conociendo la experiencia de Esteban Jerez en sus años de Fiscal Anticorrupción durante el gobierno de Miranda– llenó los juzgados de juristas mediocres pero afines a él, y persiguió o aisló al resto de los que no querían someterse a sus excesos.

Los sindicatos (y su versión desnutrida y chagásica, o sea los piqueteros) han doblado sus rodillas ante “Camello” Alperovich. Sólo los gremios de docentes, de médicos, de bancarios y de policías, vale decir las cuatro profesiones que menos deberían procurar desarrollar actividades sindicales por el bien de la sociedad a su cargo, han inquietado mínimamente al Tirano. Las asociaciones de consumidores no han podido tampoco triunfar en sus intentos por salvar a los bolsillos hogareños de la rapacidad de los transportistas, de la de los supermercadistas y de la de los concesionarios de servicios públicos.

Como un Perro Familiar, Alperovich aplastó a los productores rurales, preocupado siempre en buscar la manera de duplicar a nivel provincial a la política en contra del campo que impulsa el gobierno kirchnerista a nivel nacional. Los ambientalistas, pese al ecocidio diario que se atestigua en Tucumán, no han logrado llamar la atención de la población adormecida.

Sectores otrora críticos como los estudiantes o los académicos no buscan en la actualidad siquiera una excusa para enfrentarse a la tiranía. Y desde el ámbito cultural la reacción más extendida en contra de Alperovich ha sido el más chabacano escapismo.

La Santa Iglesia Católica Apostólica Romana tuvo allá lejos y hace tiempo los bríos suficientes para velar por la Constitución Provincial, cuando, por ejemplo, Monseñor Luís Villalba sostuvo que un judío no podía ser gobernador en una provincia que exigía a los católicos ejercer ese puesto. Eran épocas en que la dictadura de la “corrección política” todavía no era más que el murmullo de unos cuantos marginales. Alperovich, como una serpiente en la sombra, hizo caso omiso a la prohibición constitucional, y terminó desquitándose contra esa obra maestra del constitucionalismo nacional y hasta contra nuestra bandera.

Y los Alperovich tampoco tuvieron en la prensa, en el mentado “cuarto poder”, a un objetor poderoso. Algunos periodistas han logrado agitar las aguas, pero sus intentos de llegar lejos con esa actitud se han diluido muy rápido, gracias a las prebendas o a los aprietes de las fuerzas gubernamentales. De todos modos la culpa del fracaso de una prensa independiente en Tucumán no es entera responsabilidad de los periodistas, sino que más bien los autores de esta situación son los dueños de los medios de comunicación de la provincia.

Sin embargo algo cambió en este aspecto últimamente: Alberto Lebbos, el padre de la asesinada Paulina, empezó a conseguir micrófonos poderosos como los de Jorge Lanata. Ello generó conmoción en el clan, porque Lanata es escuchado por más de la mitad del país. Incluso en la ceremonia de entrega de los premios Martín Fierro, el periodista porteño mencionó al gobernante tucumano.

El propio José Alperovich, en respuesta a la embestida de Lanata, declaró que él es el gobernador tucumano que más ataques de prensa ha sufrido en la historia, agregando que, intolerantemente, lo critican por haber engendrado a un homicida y por vacacionar obscenamente en el desierto para sentirse un Sultán.  

La Senadora Beatriz Rojkés de Alperovich, Madre y Odalisca, habló sobre una operación mediática tan escandalosa para difundir infamias y mentiras que hasta se meten con su familia, la misma familia a la que ella y su marido le garantizaron una enorme cantidad de cargos públicos electivos y puestos de funcionarios en el Estado, sin contar con los incontables negociados financieros que con dinero de todos hicieron para favorecer a los empresarios del clan (Carlos Rojkés, Sara Alperovich, Leonardo Elgart, Naum Alperovich y un largo etcétera que incluye una multitud de nombres hebreos).

Según la opinión de los Alperovich, ellos son las víctimas del asesinato de Paulina Lebbos. Desde hace siete largos años, la Justicia ha entorpecido la investigación para llegar al día de hoy y ayudar a la prensa destituyente a que pierdan una elección. Al final resultó ser todo una conspiración para acabar con una familia de “patriotas” tucumanos. ¡Quien lo diría!



César Thames